Entonces descubrí que guarde en lo más oscuro de mi mente tu persona (algo escrito se había vuelto realidad) y no había nada roto ahí, ni tus risas, ni tus cambios repentinos de humor. Solamente unas tontas palabras y nervios.
Vacía un domingo en la mañana, el lunes, el martes y todo el mes.
Todos mis miedos crecieron en dimensiones agotadoras. Ellos me llevaron más lejos que al resto.
Al final cada palabra que él susurró en mi oído seguía y cada pacto que hicimos también.
Mi poca voluntad y tus dulces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario