martes, 19 de junio de 2012

temprana

Entonces descubrí que guarde en lo más oscuro de mi mente tu persona (algo escrito se había vuelto realidad)  y no había nada roto ahí, ni tus risas, ni tus cambios repentinos de humor. Solamente unas tontas palabras y nervios. Vacía un domingo en la mañana, el lunes, el martes y todo el mes.  Todos mis miedos crecieron en dimensiones agotadoras. Ellos me llevaron más lejos que al resto. Al final cada palabra que él susurró en mi oído seguía y cada pacto que hicimos también. 
Mi poca voluntad y tus dulces.

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